alimentaria: Los camiones de comida o “food trucks”. Se sitúan, por el momento, como complemento de las populares fondas y restaurantes puertorriqueños y dominicanos de Tras Talleres, las avenidas Fernández Juncos y Ponce de León, La Placita, la Ashford y la calle Loíza, convirtiéndose en opción de almuerzos light, rápidos, frescos y diferentes para trabajadores de oficina, profesionales y gerentes de la banca y las oficinas de gobierno, así como transeúntes en diligencias personales santurcinas.
Igual, hay ejecutivos de alto copete con
oficinas en la periferia que se tiran el tapón de medio día- resignados a
parquearse donde sea- porque vale la
pena almorzar en un food truck de moda, y no en los restaurantes de mesa y
cubierto, como el Bistró de Paris, Seccarelli, Compostela`s Wine Bar,
Augusto`s, y otros locales más formales.
Y a
modo de declaración consciente contra la macdonaldización, varios food trucks
de oferta original ya son parada obligada para jóvenes hip con
“munchies” luego de un "bar hopping" por la Loíza. Ofreciendo
una cifra extremadamente conservadora, un reportaje reciente estima que existen,
aproximadamente, 73 food trucks en toda la
Isla. De éstos, 34 se encuentran en el
área metropolitana de San Juan.[1] Al día de hoy hay dos
asociaciones- Gastronomía Urbana Móvil y Food Truck Republic- que organizan
festivales e interconectan, por Facebook y otras redes sociales, a sus
propietarios y patrocinadores. [2]
La abundancia alimentaria y la
información gastronómica en red han contribuido a levantar esta modalidad. Pero
también otros fenómenos que no son tan visibles al comensal urbano y a los
comentaristas gastronómicos. Por ejemplo los siguientes. La erosión -entre
los ejecutivos y empresarios ricos - del esnobismo gourmet en favor de la
"sabrosura" y la informalidad.
El surgimiento del
“foodie” o “comidista”, un comensal educado, con cultura gastronómica e
ingresos elevados que, sin renunciar a
su privilegio del “fine dining” y la alta cocina, valora con fascinación platos originales,
étnicos, de calidad y eco-amigables.
También las experiencias con la
gastronomía móvil y étnica por parte de la inmigración caribeña,
latinoamericana y puertorriqueña traídas de ciudades norteamericanas; la
educación culinaria profesional de los propietarios de camiones, y la
interconexión en red del trinomio comensal-lugar-menú. Todo ello ha hecho del
food truck una respuesta rentable a un empresarismo joven, creativo y
emprendedor, y una opción alimentaria razonable a los comidistas en una
economía frágil.
Pero
esto ha provocado, como ocurre con las modas, que en los medios y en las
redes sociales el trend se interprete como una novedad sin historia, sin
reparar en que la comida urbana y móvil le ha dado vitalidad a las culturas urbanas y sus fisonomías sociales por siglos.
Las Actas del Cabildo de San Juan para el siglo XVIII están llenas de alusiones
a los vendedores ambulantes. Igual las Ordenanzas municipales de Humacao. [3] En el siglo XIX los señoritos sanjuaneros degustaban,
luego de una noche de farra, “cerdo asado, chicharrones y morcillas que vendían
en las mañanas las madamas cangrejeras” en la Plaza del
Mercado de San Juan.[4]
Los numerosos pregones que
recoge Berta Cabanillas en su libro El
folklore en la alimentación puertorriqueña, [5] y la defensa a cuchilladas
que hace Eduvigis Ortiz para que no le sacaran su puesto de frituras y cuchifritos porque estaba mal
colocado en la santurcina calle Cerra, son
una muestra de la importancia de la
provisión callejera en la economía urbana y en los itinerarios alimentarios de los
peatones de antaño. Pero además son grandes muestras de la identidad de los vendedores ambulantes con sus
empresas alimentarias urbanas.[6]
Para
otros comentaristas, además, la guagüita “mixtera” ha desaparecido, algo
que no es cierto.
Igual,
los patrocinadores de ciertos parques y festivales auspiciados en espacios exclusivos
y de “alta cultura” no lucen
chinchorreros.[7]
En la cocina de los camiones, además, se notan disparidades de empleo por
género- la mayoría son chefs varones, replicando así la característica
histórica de las diferencias en el trabajo culinario profesional-. Al día de hoy, también, hay fricciones entre los propietarios de food
trucks y los dueños de restaurantes "brick and mortar"; y existen visiones
divergentes de política ambiental urbana- a los camiones se les han
condicionado las operaciones cuando se concentran varios en un local
(baño, parking).[8]No menos el hecho de que el trend muestra un lado de la
gentrificación de Santurce.
Pero algo es incuestionable. Los food trucks han
adelantado algo más que una oferta
gastronómica original y razonable. En tanto locales de provisión alimentaria
urbana móvil, han ido conformando aquello que los planificadores urbanos no han
logrado en 30 años: humanizar espacios e inmuebles vacíos en Santurce y
fomentar itinerarios peatonales en horas
de ocio. Con ello van encaminado la vitalidad urbana provocando interacciones
entre culturas diversas y clases sociales, y fraguando la creatividad de empresarios, cocineros y
artistas jóvenes y poco conocidos. De esa forma, van representado a Santurce
como una ciudad con crecimiento económico y cultural posible. Todo, claro, por
el momento.
Referencias
Frye,
Joshua J y Bruner Michael S. eds., The Rhetoric
of Food: Discourse, Materiality and Power, Routledge, 2012.
Johnston,
Josuée, y Baumann, Shyon, Foodies: Democracy
and Distinction in the Gourmet Foodscape, Routledge, Taylor and Francis,
2010.
Martin, Nina,“Food
Fight: Immigrant Food Vendors ,Gourmet Food Trucks and the Differential
Valuation of Creative Producers in Chicago”; en: International Journal of Urban and Regional Research, vol. 38, núm.
5, 2014, pp. 1867–1883.
[1] Dennis
Costa, “Tasty Mother Truckers:Food Trucks Take Puerto Rico by Storm” en: Caribbean Business, 10 de diciembre de 2015.
[2] Véanse,
Gastronomía Urbana Móvil (GUM), http://www.foodtruckspr.com/ y Food Truck Republic https://www.facebook.com/Foodtruckrepublic/
[3] Ordenanzas municipales de la Villa de Humacao,
Imprenta del Boletín Mercantil 1893, 40 pp.
[4] Citado en Conrado
Asenjo, Recuerdos y añoranzas de mi viejo
San Juan, Imprenta
Venezuela, 1961, 137 pp.,
pp. 100-101.
El apelativo
«madamas cangrejeras» que usa Asenjo,
se refiere
a mujeres que vivían en Boca de Cangrejos.
[5] Berta
Cabanillas, El folklore en la
alimentación puertorriqueña, Editorial de la Universidad de Puerto Rico,
1983, 180 pp.
[6] Véase Fernando Picó, Santurce y las voces de su gente,
Huracán, 2014, p.50.
[7] El festival FUDI, en el
exclusivo hotel The St. Regis Beach Resort en Rio Grande, es un ejemplo, así
como las ferias de food trucks patrocinadas por la Universidad de Puerto Rico
en el Jardín Botánico y por el Museo de
Arte de Puerto Rico para recaudar fondos. Véanse http://www.stregisbahiabeach.com/fudis; www.spoonfoodtours.com/upr-food-truck-fest/ , y Arte y gastronomía
sobre ruedas en el MAC; en : 80 Grados
22 de abril de 2016, http://www.80grados.net/arte-y-gastronomia-sobre-ruedas-en-el-mac/
[8] Laura
M Quintero, “Crece el ambiente para parques de food trucks”; en: NotiCel, 2 de agosto de 2016. También https://www.facebook.com/MiramarFoodTruckPark/
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