viernes, 17 de mayo de 2013

Un golpe a los fast-foods: el fin de Buen Provecho


 




El pasado 1 de abril, la actual Subsecretaria de la Administración de Desarrollo Socioeconómico de la Familia, Marta Elsa Fernández,  puso  fin al mal llamado Proyecto Piloto “Buen Provecho” (PPBP), que permitió a  29,225 beneficiarios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), en su mayoría personas sin hogar, ancianos solos o personas con discapacidades, a comprar alimentos preparados utilizando la Tarjeta de La Familia en una selección – que se hizo muy secreta- de 45 restaurantes de los municipios de San Juan y Guaynabo.   Al final  se supo que en su mayoría eran hamburgueserías tipo fast-food.  El Proyecto fue aprobado y estuvo  vigente desde  agosto del 2010 hasta febrero del 2011.
La desacertada legislación  suscitó la puesta en escena  de la visión mercantil de la alimentación- a contrapelo de la nutrición- que tienen  los gerentes de la industria alimentaria, especialmente Caribbean Restaurants LCC ( el concesionario de todas las franquicias de Burger King en Puerto Rico) y la Asociación de Restaurantes de Puerto Rico (ASORE).
ASORE, que en el momento de debatirse el PPBP era gobernada por el empresario Aniceto Solares, presidente de Caribbean Restaurants LCC, (empresa que gana $185,300,000 millones de dólares anuales),  soslayó entonces el valor social-nutrimental del acto alimentario bajo el argumento de que la iniciativa legislativa era “un acto de justicia social”. Igualmente procedió  en aquél entonces,  Jorge Colón Gerena, presidente de Wendy`s, el fast-food con más crecimiento en el mercado de comidas servidas de forma rápida al día de hoy.

Aunque no concuerdo con  la mayor parte de la instrumentación del PAN (umbrales de pobreza demasiado altos, falta moral en el otorgamiento de los casos ,laxitud en el cumplimiento de requisitos y la erosión gradual de una ética del trabajo en los beneficiarios que tienen capacidad para hacerlo)-  varios miembros de ASORE  hicieron expresiones  que trivializaban la capacidad de los beneficiarios del PAN para pensar sobre lo que comen, y se hicieron de la vista larga ante el hecho de que el acto de comer es un acto social y pedagógico.  
Expresiones como  la del Sr. Aniceto Solares, en el sentido de que avalaba el proyecto porque entendía entonces que “comida es comida” ,  redujo al absurdo  el acto más importante de la vida,  llevándolo a la categoría  de acto de repleción individual en el que comer un almuerzo balanceado es lo mismo que comerse un Big Mac, o un cesto lleno de alimañas, cuando, en efecto, los 29,295 personas cobijadas bajo del Plan Piloto (PP) son personas que necesitan alimentaciones medicadas por sus condiciones de edad y salud.
 Igual,-si seguimos la línea argumentativa de Solares, cuando una abuelita beneficiaria del proyecto va al restaurante con su nieta pequeña y ordena un servicio de comida – en el restaurante  que fuera de los 45 seleccionados para el PPBP -  no ocurre un acto  pedagógico entre ella y su retoño.  Hay teóricos contemporáneos, no obstante,   que piensan lo contrario. Sostienen que en  el acto de comer  se transmiten las visiones y los hábitos de padres a hijos, y éstas les marcan las huellas gustativas más indelebles. Es lo que en otras ocasiones he llamado el “paladar memoria”. 
En  su  apoyo al  PPBP, ASORE esgrimió entonces  como defensa el tema de la “conveniencia”- que es una de las lógicas del sistema de producción de los restaurantes de comida rápida para capitalizar sus productos y capturar consumidores. Es decir, para ASORE el alto número de locales en la geografía urbana, la ocupación de geografías y periferias escolares, los auto servicios, las entregas a domicilio- o sea “conveniencia”-  fueron conceptualizados como elementos que hacían del proyecto uno de justicia social porque los beneficiarios del PPBP no tendría que trasladarse hasta un hipermercado para comprar, digamos, leche, o porque les facilita  comer  sin  tener que cocinar  a aquellos beneficiarios con ciertas  condiciones médicas, físicas y mentales.  
ASORE, en el fondo, lo que interesaba  era aumentar la participación de sus miembros en el mercado de comidas tomadas fuera de casa. Un estudio realizado por la empresa Gaither International  en 2007 encontró que sobre 500,000 personas pautan al menos una de sus ingestas diarias fuera del hogar, lo que representa ventas de sobre $4 millones de dólares diarios. Si el PPBP se hubiese extendido a todas la Isla, como esperaba ASORE que ocurriera, ello hubiera representado  a la asociación  sobrepasar su participación en un mercado que hacia el 2007 significaba $2.3 billones de dólares anuales.
  Lo vergonzoso es que se utilizara la falacia de la justicia social cuando  dos meses antes  de que se aprobara el PPBP, el gobierno de Luis Fortuño le asignó, de los fondos de la Ley de Reinversión y Estímulo Económico Federal (“ARRA”, por sus siglas en inglés), $13.5 millones de dólares a Caribbean Restaurants (Burger King), $ $1.65 millones de dólares a McDonald's y $ 190 mil dórares  a la cadena Subway. Como si invirtiendo en estas empresas – famosas por   despreciables  salarios y condiciones de empleo y la consabida explotación de las  mujeres  se estimulara la economía local. $1.65 millones para Arcos Dorados PR (McDonald's) yLa responsabilidad nutricional no fue el elemento que estuvo en juego§.
Es penoso que  se simplifique el acto  de comer pensándolo como  acto  exclusivamente fisiológico: la gente come para satisfacer el apetito y nada más. Si el PPBP  hubiese seguido adelante en el 2013, y se hubiera extendido a todo Puerto Rico, el proyecto no hubiese hecho  otra cosa que insertar a los beneficiarios del PAN en  una tendencia cada vez más observable en la cultura alimentaria de Puerto Rico: comer fuera de casa significa comer en un fast food, preferiblemente una hamburguesería.
Vistas desde hoy, las declaraciones de la entonces Secretaria del Departameto de la Familia Jannitza Irizarry, sobre que “[é]ste no es un issue de nutrición ni económico. Es un asunto de conciencia social” y que  “[n]o podemos pensar de forma egoísta, lo digo desde lo más profundo de mi corazón”, se traducen en la más grande hipocresía de los últimos años en el discurso nutricional gesticulada desde el Estado hacia los consumidores pobres de Puerto Rico.
Por último, el preámbulo del Proyecto  2806 que creó el desacreditado Buen Provecho  nos deja el rastro de la visión clasista y desacertada que tienen los dirigentes políticos y la gran industria alimentaria  sobre el acto de comer, cuando consideran que comer en restaurantes “no es un lujo” (claro si se trata de los fast-foods), “sino que aporta a la calidad de vida” porque “esos lugares se han convertido en escenario de cumpleaños y graduaciones”. A mí me hubiera gustado que entre los 45 restaurantes  que se seleccionaron, se hubiesen incluido al menos 4 de los otros muchos  que representa ASORE,  como por ejemplo Compostela, El Bistró de Paris o Augusto`s. 
A ver si en uno de ellos  hubiesen aceptado a un discapacitado, o a un homeless a celebrar su cumpleaños, o a una abuelita con sus nietos a celebrar una graduación, y que pagara con la tarjeta del PAN, con el descuento del 10% de su consumición, como en efecto hizo Burger King durante la vigencia del PPBP.

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